
De su boca surgen fieras hambrientas que cortan, rasgan y despedazan. Sus ojos son fríos sin embargo venenosos e hirientes. Su piel es maloliente, aunque se echen perfumes y se cubra de oro y piedras preciosas no podrá cambiar jamás. Su verdadera apariencia, es áspera, agrietada, enferma de maldiciones.
Sus oídos solo escuchan el mal, se glorifica en la maldición, se exalta en la calumnia y es que en su corazón habita lo peor del infierno, y no es el fuego sino la frialdad y en su mente habita la soberbia, la insolencia, la indolencia.
No existe ni el más mínimo vestigio de sensibilidad y compasión, quiere solo destruir. Quiere solo engañar, corromper, pervertir y todo su ser es como un gesto insolente por que sabe que todo su poder, algún día terminara y que cada día se adentra a su final.
Y se llama la Maldad.
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